¡FELIZ Y SANTA NA VIDAD!
!FELIZ Y SANTO AÑO 2020¡
Noticias y actividades del Comitium "Nuestra Señora del Sagrario" de Toledo
1.- La fe, de la que estamos hablando durante todo este año, es un regalo, un don que un día, sin merecerlo nosotros se nos obsequió con el sacramento del Bautismo. Siempre es Dios el que da el primer paso, no somos nosotros. Y los mejores regalos del día de nuestro Bautismo fueron los de Dios: la fe, la esperanza y la caridad. Unos regalos que han de ser cuidados, primero por nuestros padres, pues no tenemos capacidad de usarlos ni valorarlos, pero después ya nosotros mismos, cuando la edad nos va haciendo comprenderlo.
ALLOCUTIO DEL MES DE FEBRERO DE 2013
tro de la salvación.
I.- Si os acordáis, el mes pasado en el allocutio os hablé de la diferencia que hay entre la fe humana y sobrenatural. Y así, decíamos que la fe no es extraña a la naturaleza humana, todos tenemos fe, aunque en algunos se quede reducida solamente a la mera humana. La pregunta que quiero hoy responder brevemente es: ¿a qué responde la fe?, ¿por qué brota la fe? Para poderlo comprender podemos recurrir a nuestra experiencia personal. Si yo, por ejemplo, creo que mis padres son mis padres, además de por el parecido que pueda tener con ellos más o manos físicamente o en el carácter, es porque les he visto desvivirse por mí. Si creo que Cólon descubrió America en 1492 es porque los que me lo han enseñado tienen a su vez fuentes fidedignas del hecho. Podemos decir, por tanto, que la fe humana, como la divina, es una respuesta a un estímulo externo que hace que me abandone en aquellos que me aman o enseñan. Esto también pasa respecto a la fe sobrenatural: Dios invisible habla a los hombres como a amigos, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía (1).La respuesta adecuada a esta invitación es la fe. Recordemos, por ejemplo a Abrahám, que acoge con fe la voluntad de Dios, al sentirse invadido en su inteligencia y voluntad por la gracia de Dios, que le mueve a fiarse del todo del Único Dios Verdadero. Nosotros mismos tenemos fe por el testimonio de aquellos que han palpado a Jesucristo, que le vieron morir y resucitado, dando la vida por lo que ellos habían vivido en primera persona. El Amor de Dios que se nos muestra en las líneas de la Sagrada Escritura lo hemos visto palpablemente y ante su hacer, respondemos con la fe. Por eso hemos de conocer la Biblia, hacer una lectura personal de la misma: la sagrada liturgia hace una lectura de sus textos más significativos en tres años, pues al conocerla nuestra fe se alimente y se sustenta. Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios, Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que se revela. La sagrada Escritura llama “obediencia de la fe” a esta respuesta del hombre a Dios que revela” (2).
II.- Psicológicamente podemos decir que necesitamos ciertas novedades que nos motiven de nuevo, que nos incentiven para no vivir rutinariamente. Lo mismo ocurre en nuestra vida espiritual y más si cabe en este tiempo en el que si no estamos haciendo algo nuevo, caemos en una monotonía espiritual que nos parece estar siempre igual.
III.- Con razón nuestra Señora, cuando se apareció en Fátima descubre el misterio de su Inmaculado Corazón: lleno de amor misericordioso y tierno, lleno del fuego del amor, lleno de ternura y clemencia, también dolorido al ver como su Hijo es olvidado y despreciado. Como dijo a Lucía, en su Corazón Inmaculado encontramos refugio, seguridad y consuelo, bálsamo para las heridas, puerto de salvación, estrella en medio de la tormenta.
I.- Como dice san Luis María Grignon de Montfort, hay muchos cristianos escrupulosos que no hablan tanto de la Virgen como debieran, porque creen que si lo hacen, hacen de menos a Jesucristo. Quizá ocurre lo mismo en muchos predicadores… Sin embargo san Bernardo de Claraval dice que “de Virgo María nunquam satis”, esto es, que nunca se ha predicado suficientemente de Ella.


I.- Durante estos días pasados hemos acompañado al Señor en sus momentos más duros en los que entrega su vida por nosotros y ahora, también junto a su Madre, nos gozamos de su victoria sobre la muerte. Han sido días para morir con Cristo místicamente y resucitar a una vida nueva, que se ha producido en nosotros realmente por las aguas bautismales. Seguramente hemos meditado en estas verdades durante estos días santos. En estos minutos, vamos a intentar brevemente en qué aspectos hemos de morir en nuestra vida legionaria, para resucitar a una vida nueva más ilusionante y rejuvenecida.